La transformación del Centro Olímpico Juan Pablo Duarte, en Santo Domingo, ha generado una intensa polémica en medio del proceso de preparación para los Juegos Centroamericanos y del Caribe 2026. Aunque la renovación de este emblemático complejo deportivo busca modernizar la infraestructura y adecuarla a los estándares internacionales, uno de los aspectos más controvertidos del proyecto ha sido la remoción de una significativa cantidad de árboles, lo que ha despertado preocupación entre ambientalistas, vecinos y sectores de la sociedad civil.
El proceso de renovación, actualmente en marcha, incluye la reconstrucción de las canchas, senderos, entradas y zonas comunes. No obstante, estas modificaciones han resultado en la eliminación de cientos de árboles, muchos de los cuales tienen décadas, lo que ha impactado significativamente el entorno del área y ha levantado preocupaciones sobre la viabilidad ecológica de la iniciativa.
El Centro Olímpico, erigido durante la década de los 70, se destaca como uno de los más importantes espacios verdes del Distrito Nacional. Con una superficie que supera el millón de metros cuadrados, ofrece instalaciones para deportes, áreas recreativas, áreas con árboles y lugares que proporcionan un hábitat para la biodiversidad urbana. Más allá de su uso como complejo deportivo, desempeña un papel social y ecológico significativo para los miles de personas que lo visitan a diario para hacer ejercicio, pasear o simplemente disfrutar de la naturaleza.
Las imágenes del terreno con árboles derribados y amplias áreas desprovistas de vegetación han provocado reacciones de diversos colectivos que exigen mayor transparencia sobre los estudios de impacto ambiental y los criterios utilizados para justificar la tala. Para muchos, el desarrollo de infraestructura deportiva no debe estar reñido con la protección del medioambiente, y consideran que se pudieron adoptar soluciones más equilibradas que preservaran los árboles existentes.
Las entidades a cargo del proyecto han justificado la intervención, afirmando que es crucial para asegurar que las instalaciones se encuentren preparadas y en perfectas condiciones para los Juegos de 2026. También han indicado que se planea un programa de reforestación, el cual contemplaría la plantación de especies autóctonas y el desarrollo de nuevos espacios verdes en zonas cercanas. Sin embargo, no se han proporcionado detalles específicos sobre los tiempos ni las especies que se emplearán en dicho proceso compensatorio.
El diálogo destaca la creciente tensión entre las metas de crecimiento urbano y deportivo, y la conservación del patrimonio natural en áreas urbanas. Para varios expertos, los eventos internacionales de gran magnitud presentan una oportunidad para revitalizar los espacios públicos; sin embargo, subrayan la importancia de que esta revitalización se lleve a cabo de manera sostenible, incorporando criterios ecológicos desde el comienzo de la planificación.
La falta de consulta pública previa al inicio de las obras también ha sido objeto de críticas. Diversos sectores señalan que no hubo un diálogo amplio con las comunidades usuarias del centro ni con organizaciones ambientales que pudieran haber contribuido con propuestas alternativas menos agresivas para el ecosistema del parque.
A pesar de las controversias, la remodelación avanza con rapidez, con el compromiso de entregar un centro deportivo completamente renovado antes de la celebración de los juegos regionales. Entre los trabajos contemplados se incluyen la rehabilitación de estadios, la modernización del pabellón de combate, la mejora de sistemas de iluminación y drenaje, así como la creación de accesos más inclusivos para personas con discapacidad.
La situación del Centro Olímpico reaviva la discusión sobre cómo equilibrar el crecimiento urbano con la preservación del medioambiente en las urbes del Caribe. Los habitantes de la capital, quienes lidians con altos grados de urbanización y falta de áreas verdes, siguen de cerca las transformaciones en uno de sus espacios públicos más destacados. Lo que se discute no es solamente un grupo de instalaciones deportivas, sino también la forma de ciudad que se desea establecer: una donde el avance no sacrifique el entorno natural.